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- millk -
Cartel conmemorativo al diseñador español Daniel Gil.
Daniel Gil, diseñador gráfico fallecido el 14 de diciembre de 2004 en su casa de Madrid tras una larga enfermedad.
Nacido en 1930, estudió Bellas Artes y su primera vocación se desarrolló en el ámbito de la pintura y las artes visuales. Con una dilatada trayectoria profesional, -que comienza en la década de los cincuenta-, Daniel Gil es una figura imprescindible en el panorama del diseño gráfico español, tanto por la extensión de su obra como porque ha creado un estilo propio y reconocible que ha marcado, como ha señalado Javier Pradera: 'una divisoria de aguas en el paisaje del mundo editorial de nuestra área dramática [refiriéndose al castellano]". Efectivamente, hay un antes y un después de Daniel Gil. Un antes de portadas de libro rutinarias y adocenadas, atrapadas por la estrechez de miras del triste mercado editorial del periodo franquista, y un después, singular, abierto y brillante que creó escuela -y múltiples imitadores- y que demostró que había otros caminos -no trillados-por recorrer. Daniel Gil comienza estudiando Bellas Artes con la intención de ser pintor Pronto descubre que las enseñanzas que está recibiendo son demasiado conservadoras y decide abandonar la carrera.

En 1957, vuelta de un viaje clandestino a la Unión Soviética, permanece durante seis meses en la mítica Escuela de Ulm, por aquellos momentos prácticamente en sus inicios. Posiblemente de ese breve paso por la institución alemana proceda su rigor en el tratamiento de la tipografía y la certeza con la que maneja la fotografía, entendida corno herramienta más objetiva en el proceso de comunicación Desde entonces la ilustración Tendrá un papel menor en su trabajo: "el dibujo es siempre una visión demasiado subjetivista, por muy realista que se quiera ser y el problema es que está presente la mano del creador. Esto hace que se convierta en un lenguaje muy personal y tienda a subjetivizarse, perdiendo con ello capacidad comunicativa amplia". La fotografía, sin embargo, será un modo de aplanar los ready-mades que protagonizan muchos de sus diseños. Pequeñas esculturas o ensamblajes de raíces dadaístas, surrealistas o pop, gracias a la fotografía se congelan en una imagen simbólica, en apariencia sencilla que, sin embargo, todos adivinamos compleja. Pero volviendo, al discurrir biográfico, a su regreso a España, y tras colaborar durante un tiempo con unos decoradores, entra en la compañía discográfica Hispavox, para la que realizará un buen número de portadas de discos que anuncian ya la contundencia de su estilo posterior, un estilo que desarrollará a partir de 1966, momento en que se produce un feliz acontecimiento para la historia del diseño editorial: a instancias de Jaime Salinas ingresa en Alianza Editorial en calidad de diseñador y para ocuparse -con total libertad-de las cubiertas de sus libros. Allí comienza una aventura editorial, prolongada durante unos veinticinco años y concretada en casi cuatro mil portadas que marcaran una senda de auténtica renovación. Demostrando un talento excepcional, Daniel conseguirá que cada título tenga su propia personalidad sin que se pierda nunca el sello de la editorial. Todo un ejercicio de inteligencia: ser siempre igual y, al mismo tiempo, siempre distinto; ser único y diverso, en una conjunción de fondo y forma, en la que se sintetiza sensibilidad e intelecto y en la que siempre se bordean los límites entre arte y diseño que, por otra parte, este diseñador no percibe en ningún momento.
Reconocido por su labor en Alianza, no podemos olvidarnos tampoco de sus colaboraciones con otras editoriales como Mondadori o Fondo de Cultura Económica, así como de sus incursiones en el cartelismo cinematográfico (Los días del pasado, Los Santos Inocentes o La Forja de un Rebelde, de Mario Camus, entre otras películas), y en el campo de la imagen corporativa (Museo Thyssen de Madrid) Seguro de sus convicciones. Daniel Gil fue sumamente crítico con todo y especialmente con la profesión de diseñador, a la que, sin embargo, estuvo orgulloso de pertenecer.